Cómo funciona
De la lista de útiles al primer día de clase
El colegio adopta sus libros, los estudiantes entran con el código de su curso, y el material queda disponible en cualquier teléfono. Sin instalar nada y sin comprar un dispositivo nuevo.

El montaje
Cuatro pasos, y tres son nuestros
Lo único que el colegio tiene que hacer es decidir qué libros adopta para cada grado y darnos la lista de sus cursos. El resto lo montamos nosotros.
El colegio adopta sus libros
Coordinación académica escoge, para cada grado y cada materia, cuál de nuestros libros usa. Queda registrado y es lo que determina el estante de cada estudiante.
Cargamos los cursos
Con la lista de estudiantes por curso —la misma que el colegio ya tiene para el SIMAT— quedan creadas las matrículas. Cada curso recibe un código de seis caracteres.
El estudiante entra
Con el código de su curso y un PIN de cuatro dígitos. Sin correo, sin contraseña y sin instalar nada: se abre en el navegador que ya tiene el teléfono.
El colegio empieza a ver
Desde el primer día el docente ve quién abrió el libro, y a las pocas semanas ya hay evidencia de qué Derechos Básicos están demostrados y cuáles no.
El código del curso
Seis caracteres que un niño puede leer del tablero
Parece un detalle y no lo es: es la diferencia entre que un curso de treinta entre en dos minutos o que la primera clase se vaya en soporte.
El alfabeto del código excluye la O, el 0, la I, la L, el 1, la S y el 5. No es capricho: esos siete caracteres son los que se confunden al leerlos de un tablero desde la última fila del salón.
Y cuando alguien escribe un código con una de esas letras, el sistema no dice simplemente «no existe». Dice cuál mirar: «revisa el carácter O: los códigos no usan O ni 0». Un mensaje de error que solo niega obliga al niño a levantar la mano; uno que enseña lo resuelve solo.
El día a día
Qué cambia en una clase cualquiera
Con el libro de papel
- El que olvidó el libro no trabaja, o trabaja mirando el del compañero.
- El docente sabe quién leyó porque pregunta, y le contestan lo que quiere oír.
- La familia compra el libro completo aunque el curso use cuatro capítulos.
- El colegio no puede decir cuánto del currículo del grado cubre el texto que compró.
Con el libro digital
- El libro está en cualquier equipo, y el que ya lo abrió lo tiene aun sin señal.
- El docente ve quién trabajó y, sobre todo, qué quedó entendido y qué no.
- El costo es por estudiante y por año, no por ejemplar impreso.
- La cobertura del currículo es una cifra que se consulta, no una promesa comercial.
Un libro que el niño dejó en la casa no enseña nada. Ese fue el punto de partida de todo esto, y sigue siendo la prueba que le pedimos a cada decisión de producto.
Lo que no hay que hacer
Sin comprar tabletas y sin cambiar de proveedor
No hay aplicación que instalar
Se abre en el navegador. Ni tiendas de aplicaciones, ni permisos, ni actualizaciones que alguien tenga que empujar a trescientos equipos.
No hay que comprar dispositivos
El objetivo declarado es un Android de gama baja con datos móviles. Si un colegio ya tiene sala de sistemas, mejor; si no, funciona igual.
No reemplaza al SIMAT
No somos un sistema de información académica. Convivimos con el que el colegio ya usa para notas y matrícula, y solo necesitamos la lista de cursos.
No exige capacitación larga
Una sesión de una hora con el equipo docente. Las pantallas están hechas para que la segunda vez nadie tenga que preguntar.
No secuestra el contenido
Si el colegio se va, se lleva sus datos y el contenido que produjo. Sin penalidad y sin usar el histórico como palanca de renovación.
No pide datos del menor que no hagan falta
Ni documento, ni dirección, ni foto. Solo lo indispensable para que el estudiante entre y para que el colegio sepa en qué curso está.
Abrimos pronto para su colegio
Todavía no se pueden crear cuentas ni agendar demostraciones. Mientras tanto, los libros y la forma de trabajar ya se pueden ver aquí.
